Creo que es importante trabajar y mostrar bajo la perspectiva de la igualdad los oficios a los niños y las niñas para que reconozcan que cualquiera de los dos sexos puede desempeñar el oficio que desee.
En los estudios y profesiones también existen estos valores y estereotipos sexistas. Esto es lo que llamamos división sexual del trabajo, es decir: la diferencia que se hace sobre las actividades/tareas atribuidas tradicionalmente a mujeres y a hombres, ocupando diferentes espacios y trabajos en función del sexo.
Por todo ello, es muy importante conocer desde la infancia los modelos de oficios y profesiones porque los estereotipos afectan a las elecciones personales (es menos probable que un chico opte por ser educador infantil que una chica porque se considera que “naturalmente” las chicas están mejor preparadas y tienen mayores cualidades para esta profesión). Pero también al empresariado (es más difícil que se contrate a una mujer como mecánica de coches o piloto).
Así pues, las elecciones vitales y profesionales están actualmente condicionadas por estereotipos sexistas que son esas imágenes prefijadas, simplificadas, que uniformizan a las personas y les atribuyen características, inclinaciones, comportamientos esperados, etc., por su pertenencia a uno u otro sexo. Pero es fundamental comprender que el interés, las habilidades, actitudes y capacidades necesarias para elegir y desarrollar un trabajo concreto no deberían estar condicionadas por los estereotipos atribuidos tradicionalmente a mujeres y hombres.
La igualdad no es sólo que las mujeres puedan optar a puestos de trabajo que suelen realizar los hombres, sino que todas las personas valoren profesiones feminizadas y los hombres también puedan trabajar en ellas (por ejemplo, el cuidado de personas mayores). No podemos olvidar que los trabajos históricamente adscritos a las mujeres, en su mayoría relacionados con el cuidado de las personas, son vitales para la sostenibilidad de la vida.
En los estudios y profesiones también existen estos valores y estereotipos sexistas. Esto es lo que llamamos división sexual del trabajo, es decir: la diferencia que se hace sobre las actividades/tareas atribuidas tradicionalmente a mujeres y a hombres, ocupando diferentes espacios y trabajos en función del sexo.
Por todo ello, es muy importante conocer desde la infancia los modelos de oficios y profesiones porque los estereotipos afectan a las elecciones personales (es menos probable que un chico opte por ser educador infantil que una chica porque se considera que “naturalmente” las chicas están mejor preparadas y tienen mayores cualidades para esta profesión). Pero también al empresariado (es más difícil que se contrate a una mujer como mecánica de coches o piloto).
Así pues, las elecciones vitales y profesionales están actualmente condicionadas por estereotipos sexistas que son esas imágenes prefijadas, simplificadas, que uniformizan a las personas y les atribuyen características, inclinaciones, comportamientos esperados, etc., por su pertenencia a uno u otro sexo. Pero es fundamental comprender que el interés, las habilidades, actitudes y capacidades necesarias para elegir y desarrollar un trabajo concreto no deberían estar condicionadas por los estereotipos atribuidos tradicionalmente a mujeres y hombres.
La igualdad no es sólo que las mujeres puedan optar a puestos de trabajo que suelen realizar los hombres, sino que todas las personas valoren profesiones feminizadas y los hombres también puedan trabajar en ellas (por ejemplo, el cuidado de personas mayores). No podemos olvidar que los trabajos históricamente adscritos a las mujeres, en su mayoría relacionados con el cuidado de las personas, son vitales para la sostenibilidad de la vida.
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